Uniforme del Servicio Doméstico

Escucha 2: Performance Gran Vía

Uniforme del Servicio Doméstico

Tengo un deseo…

Estoy conmovida por mi falta de escucha.  Dejar pasar tantos años sin comprender lo que simboliza el uniforme del servicio doméstico. Deseo reparar un poco el hecho de haberle pedido a la señora Gloria que utilizara el uniforme, (ver primera entrada) también se lo debo a Mari.

¿Pero qué hago? Como mujer creadora – porque no me considero activista- como mujer artista, ¿cómo me comunico con los demás, con el tema del uniforme del servicio doméstico?

Supe que necesitaba ayuda. Trabajar en equipo con personas afines, amigos talentosos, poder compartir.  Acudieron al llamado las actrices Dinora Alfaro, Egly Larreynaga, Alicia Chong, Alejandra Nolasco, también la coreógrafa y bailarina Didine Ángel, que junto a mí, sumábamos seis mujeres para el proyecto. Además, busqué al periodista Tomás Andréu, que tiene una gran sensibilidad poética tomando fotos, y a Mauricio Alfaro, para el video de cámara oculta.

La premisa era sencilla: seis amigas van a un centro comercial a pasar una tarde agradable, ven tiendas, comen y toman café. La única diferencia es que las seis amigas van vestidas con el uniforme del servicio doméstico.

Es importante notar el día, es domingo. (El día domingo, en Centroamérica, es “el día libre” para las mujeres trabajadoras del hogar. Un domingo libre cada semana o un domingo libre cada quince días, eso depende de la voluntad del patrón.) De manera simultánea, Tomás y Mauricio nos están esperando en la ruta pactada para tomar fotos y grabar el video oculto. La cámara de video la lleva camuflada Mauricio en sus gafas de sol.  Ellos hacen un registro discreto. Captar la reacción de la gente cuando se confronta con seis mujeres del servicio doméstico.

Seleccionamos el centro comercial de La Gran Vía de San Salvador, por ser lujoso y de moda “chick” en nuestro país. Seis amigas brincamos de la cama de mi furgoneta sin saber qué iba a pasar.  Caminamos de manera pausada por el centro comercial, hicimos paradas para observar las vitrinas. Fuimos a Simán, que viene siendo un gran almacén con distintos departamentos al estilo El Corte Inglés. Debo decir que las chicas dependientas nos atendieron muy bien a nosotras.  Sentimos todo lo contrario con los otros clientes de Simán. Ellos no nos quitaron la mirada de encima. Cuchicheaban y dejaban de hablar a nuestro paso.

Entramos también a Zara. En Zara el señor vigilante usó su radio, me imagino que para solicitar indicaciones de qué hacer con nosotras. Se puso nervioso. En Zara, nos fuimos a la zona de la nueva temporada, a probarnos la ropa de precio completo y no la de rebajas. Una de nosotras pidió probarse la ropa que vestía el maniquí, nos la dieron, pero con la boca abierta.

El uniforme de nylon se recalienta al caminar, estábamos empezando a sudar. Se nos ocurrió refrescarnos en la fuente de la plaza, salpicarnos un poquito de agua, jugar. Y allí caímos en la cuenta que nos convertimos en un espectáculo. La gente sacaba sus móviles y i-pads para tomarnos fotos. El sentir general fue que les dábamos risa, era un chiste. Lo que más me llamó la atención fue la reacción de los niños pequeños. Han aprendido a burlarse. Nos señalaban y se carcajeaban sin disimulo de nosotras.

Almorzamos tacos en los Cebollines. Nos sentamos en las mesas de afuera de la terraza, en la vía peatonal, las más visibles y transitadas por los clientes del centro comercial. Realizamos dos actividades transgresoras para nuestras costumbres centroamericanas: fumamos cigarrillos y bebimos cerveza sin vaso, nos empinamos la botella.

Y pasó que una compañera del colegio donde estudié, me reconoció. Al verme con el uniforme gritó — ¡Cata!— y me hizo señales para que yo me acercara hacia ella.  Y me dijo:

 — ¿Cata, pero qué estás haciendo?—

Su cara de incredulidad y sorpresa fue bastante significativa para comprender mi posición. Una mujer vestida con el uniforme del servicio doméstico, es lo más común en un centro comercial, porque sencillamente está trabajando. Pero ya seis empleadas domésticas que están juntas, fumando, bebiendo cerveza, y pasándosela bien en un restaurante, eso ya es otra cosa…

Acabamos tomando café y el postrecito en Starbucks. Yo tenía varias interrogantes al iniciar estas acciones en el centro comercial, ahora se les comparto: 

¿De qué manera puede un uniforme cambiar la percepción de cómo te ve y cómo te trata la demás gente? 

¿Por qué no está permitido socialmente que una empleada doméstica fume y beba cerveza en espacios públicos? ¿Qué línea nos estamos cruzando?

¿Por qué nosotras las mujeres le exigimos a otras mujeres usar el uniforme del servicio doméstico? (Me recuerda a las mujeres ancianas poniendo la burka a las nuevas generaciones de mujeres jóvenes.)

En el 2014, cuando iniciamos estas acciones transgresoras, no estaba de moda la palabra “sororidad,” ahora me resuena muchísimo esta palabra escribiendo el texto. Padecemos de falta de sororidad entre nosotras las mujeres de un mismo país, de una misma región. Pareciera que no deseamos darnos cuenta, escuchar, qué significa ponernos en las ropas de las otras, o mejor dicho “en los uniformes” de otras.

Para mí el uniforme del servicio doméstico, lo comprendo y siento, como un símbolo de la desigualdad social. Es decir, ahora que los temas políticos están tan explosivos creo que es fácil decir que el otro color, los otros dos bandos, tienen la culpa de la situación de nuestro país. Ya Salarrué lo dijo en 1932 en Mi respuesta a los Patriotas,

 

“… Capitalistas embrutecidos, perezosos y bribones muestran sus caras abotagadas y crueles a no menos crueles comunistas pedigüeños, sórdidos y rapaces. Mientras estos dos bandos en todos sus grados de intensidad se gruñen unos a otros…”

Siempre estamos con la vista afuera, culpabilizando a otros de nuestros males sociales. La pregunta que me hago es: y nosotros en la intimidad del hogar, en nuestro espacio personal de abrigo y descanso… ¿Qué responsabilidad y actitud asumimos con la persona que cuida a nuestros hijos, prepara nuestros alimentos y ordena nuestra casa?

 @Foto Tomás Andréu para Proyecto del Servicio Doméstico

(Ver galería de fotos del performance de la Gran Vía)

 

 

 

 

 

 

Catalina del Cid, (1973) artista visual, pedagoga y gestora cultural Soy centroamericana nacida en El Salvador de padre hondureño y madre salvadoreña. Dibujo mayormente con tinta china, acrílicos y acuarelas sobe la temática de los más vulnerables; los niños migrantes en tránsito, los peligros de la ruta del norte, el servicio doméstico. También, considero importante ilustrar los temas vulnerables de nuestro interior; el amor, la depresión y la poca oportunidad que le damos a la fantasía en nuestras vidas . Soy una enamorada de Salarrué como guía e inspiración para crear en varios ámbitos de las artes sin limitarme a un área específica. Trabajo en co-creaciones teatrales, experiencias sensoriales, escribo, ilustro, pinto y realizo actividades transgresoras en espacios públicos.

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